jueves, 16 de julio de 2009

Ha llegado La Estrella.

Guadalix. Exterior noche. Mediados de Septiembre.

Media docena de autobueses, abarrotados de niños y adolescentes con el síndorme de Down han llegado desde todos los rincones de España para apoyar a su ídolo. La pasión se desborda en el ambiente. Caritas de felicidad, docenas de pancartas, gritos y vocecillas que rompen el silencio de la noche y lo llenan todo. Lloran, ríen, están a punto de ver a su dios, al ser que les da la alegría y hace que sus vidas sean como una bonita feria de pueblo.

Un mercedes blanco llega por la carretera hasta la puerta de la casa. Se detiene y una inconfundible figura se baja de él, con es porte elegante tan característico y sus gafas de culo de botella.

Los niños ya no se pueden contener más y chillan con sus vocecillas de ratitas asustadas: "Ese Chiri, ese Chiri es es!!!! Ese Chiri, ese Chiri es es!!!!".

El tío Chirivita, con los dos dedos de la mano derecha formando una V, sonríe complacido y se acerca a saludar a sus fans. Pero su rostro de felicidad, se tranforma en una mueca de asco cuando ve los rasgos de los rostros que le aclaman. Se detiene, escupe en el suelo y murmura: "Putos mongos de mierda, puto abogado, puta rakela".

Gira dándoles la espalda y se dirige hacia la puerta de la casa de Guadalix.

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