Necesito que tú seas mis ojos y mis oídos en todos los rincones del universo, le dijo él. Ella, que siempre había tenido vocación de Modesty Blaise, se quedo encantada con la propuesta. El de la capa, nunca le había dado excesivo asco e incluso en momentos puntuales había llegado a encontrarle moderadamente divertido. Así que espiaría para él, pero a pecho descubierto y sin disfraces, porque esa era la mejor manera de pasar inadvertida y de que nadie reparase mucho en su presencia.
Sin embargo, la Almendrita (como su Karen la llamaba en la intimidad, en una tierna y pícara broma privada, motivada por el tamaño enorme de su clítoris), D_Lee para los extraños (para los de siempre), tenía sus propios planes. Los engañaría a todos, provocaría el caos con informaciones y contrainformaciones sesgadas e interesadas y al final, lograría destruirlos y quedarse con todo el pastel. Entonces, se lo ofrecería como regalo, en prueba de amor, a su Karen, a su platanito juguetón, a la mujer/hombre que la hacía estremecerse de placer y de inmenso amor cada vez que rozaba su piel. El día que la Almendrita descubrió el secreto de la niuyorker, sucumbió definitivamente a sus pies. No sólo la amaba más de lo que había amado a nadie, si no que además, sexualmente, el tamaño de su miembro era perfecto para su diminuto agujerito trasero (ella siempre había sido muy “puerta de atrás”). Con lo cual, la pequeña D_Lee, sintió que había llegado por fin al paraíso.
Ahora todo sería por su amor, por su diosa mitad hombre, mitad hembra. Pondría el mundo a sus pies y después, nunca más volvería a sentirse sola.
Altiva y satisfecha de sus planes, avanzaba con paso firme hacia la puerta de la casa. No había público esta vez. Era una entrada improvisada y no planeada a mitad de la semana. Pero eso no le preocupaba. Enfundada en unos vaqueros ajustados y con una camiseta ceñidísima, estaba cruzando la puerta que le conduciría a su sueño. Se vió entonces reflejada en un cristal de la entrada y al leer lo que llevaba impreso en la camiseta sonrió.
Descongélate.
Supongo que hasta el imbécil de Fransin pillaría la "directa".
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